CARTA A LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA
Me preguntaba qué tan lejos estoy del suelo donde he nacido. No importa la distancia que hoy he recorrido, yo podría cruzar océanos y universos para volver a esta tierra: corazón del mundo, en donde el ser humano se vuelve inmortal; donde el chicote y la gaita se convierte en la música que sustenta nuestro espíritu.
Por eso hoy quiero cantarte Sierra Nevada, la canción mixteca (la canción que evoca la nostalgia de mi pueblo) y danzar en tu suelo los sones y jarabes de Tlaxiaco como símbolo de mi agradecimiento por haberme permitido conocer la corteza y lo más profundo de tu corazón.
Hoy dejo en tus montañas, como una ofrenda, una parte de mi pueblo ñuu saavi, lugar del juego de la pelota mixteca, y pido a la madre tierra la fusión de los corazones mixtecos con los corazones koguis, arhuacos, kankuamos y wiwas para mantener nuestra fortaleza y espiritualidad siempre viva.
Sé que la distancia que nos separa es inmensa pero más intensa es la hermandad de nuestros corazones que hoy se consolida y nadie podrá separar.
El día de hoy la inmensa felicidad que invade mi pensamiento sabe a jugo de lulo bien frio, casi helado, que se ha impregnado en mis labios por primera vez y para siempre.
Mi madre, mi Sierra Nevada de Santa Marta, me has regalado tantos olores, sabores, colores y enseñanzas muy sabias, que no quisiera abandonar tu tierra sagrada, pero tengo que retornar a mi pueblo mixteco.
Mi Sierra Nevada de Santa Marta, te dejo esta carta y mis lágrimas para saciar tu sed y reconfortar tu alma cuando te sientas agobiada.
